En búsqueda por una arquitectura emocional

Redactado en 2007


El debate acerca de ¿qué es la arquitectura? y ¿cuáles son las intenciones que tiene su creación? ha estado rondando mi mente desde que entré a esta carrera. Sabía de algún modo que la arquitectura no podía ser puramente funcional, formal y estructural…tenía que haber algo más profundo de ella. Recientemente el fundamento simbólico y emocional que debiera generarse entre lo creado, el creador y el habitante ha estado  latiendo en mi corazón, pero no he podido expresarlo en los ejercicios de  diseño. Siempre he creído que es porque para quienes diseñamos son masas abstractas, genéricas: usuarios sin historia, sueños ni deseos personales, solamente lo que nosotros –los arquitectos—consideramos correcto. Este sentido de omnipotencia es el que realmente me incomoda, ese sentimiento de saber y decidir qué es lo mejor para el cliente en cuanto obviando los reales deseos de él/ella/ellos. Lo anterior, solamente puede conducir a una arquitectura vacía, emocional y simbólicamente, un mero espacio para usar, pero “jamás”  una arquitectura para sentir, una que se convierta en mi confidente, el reflejo de mis recuerdo: ARQUITECTURA EMOCIONAL, ARQUITECTURA REFLEJO.

{ejercicio experimental de diseño: descripción emocional del espacio…fragmentos…}

La importancia de la vivencia de la arquitectura surge del placer de los seres humanos del reconocimiento  de sí mismos en algo creado  por ellos y para ellos. Arquitectos se preguntan ¿porqué su diseño no es vivido como ellos lo planearon´? Que absurdo, ¿no les parece?. Como menciona el  artículo “la vivencia del espacio urbano –o arquitectónico—va más allá de la pura visualidad”,  es cierto que el sentido hegemónico es  la vista, percibida como el sentido a satisfacer por el arte…arquitectura. A raíz de  esto se ha perdido el interés por explorar los demás sentidos, no solo los principales sino también los secundarios, por medio del juego de la  interacción.

 “Al borde de los mundos infinitos,
 se reúnen los niños
la tempestad vaga por el cielo sin caminos,
las naves se hunden en el mar sin estelas, 
la muerte ronda, y los niños juegan….” 

El jugar como estrategia de diseño permite explorar la creación de nuevos ámbitos, descubrir nuevos vínculos, facilitar nuevas posibilidades de acción, actúar como catarsis, promover aprendizajes significativos, permitir una libre expresión, asumir errores y éxitos, porque el juego es vida y engendra vida. En la vida, el juego puede convertirse en la herramienta cultural de los componentes de una sociedad y de ellos dependerá su grandeza. Es necesaria la creación participativa del entorno para lograr una conexión entre el objeto físico y sus habitantes. La pregunta es ¿cómo se logra?.

Pero no todo recae en el creador, sino también en el habitante. Hemos caído en una indiferencia experimental costumbrista; perdiendo la habilidad de asombro, de sorpresa y de respuesta espontánea emocional al estar todo está tan controlado para nuestra seguridad, que éstas emociones son anuladas para protegernos Ejemplo: si deseamos crear sorpresa en un espacio urbano debemos de demostrarlo, porque si no podríamos generar un espacio inseguro, como es el caso de los “muppies” (planos de publicidad en el recorrido peatonal) que son un estímulo (en este caso solo visual) al recorrido: informan, aportan arte, iluminan, cierran el recorrido visual…pero a la vez esconden a los asaltantes, entonces las personas no participan de ellos completamente. La idea sería increíble si fueran muestras virtuales de arte, exposiciones, discursos, incorporando sonido, y una experiencia envolvente dentro de mi recorrido urbano, un ‘happening’ urbanístico, una interacción, o hasta mapas virtuales de la ciudad que respondan al tacto, o tal vez conversaciones con otras personas conectadas a otras instalaciones y jugar virtualmente ajedrez, o gato. Se imaginan ir caminando por la calle, cuando a través de una pantalla se asoma una persona y te dice:  ¿quieres jugar conmigo antes de ir al trabajo? ¿Está loco, no?

Lo que se pretende es aumentar las posibilidades de conexión entre los habitantes y la ciudad, para así de  algún modo conectar a los habitantes entre sí a través de la experiencia urbano-arquitectónica. La mayor fuerza que tiene la arquitectura es la generación de espacios que motiven la interacción social y que generen una explosión de emociones, recuerdos, intenciones, deseos en quienes se topen con ella.

Creo que uno diseña según los espacios que conoció en su infancia, que soñó un día,  en el que le sucedieron los eventos más importantes de su vida. La conexión que existe entre el bagaje personal y la capacidad creativa para moldear un espacio emocional es sorprendente. Un simple ejercicio es pedirle a una persona que diseñe la casa de sus sueños y muy probablemente se referirá a la casa de sus abuelos, la primera casa de sus padres, la casa de playa del amigo  de  la familia…etc. La inventiva debe entonces estar dirigida a la traducción de esos ideales en una adaptación única para el cliente/habitante,  solo así se estará creando una arquitectura real, una arquitectura humana.

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