La ciudad imaginada

Redactado en 2007


Poder definir qué es ciudad quedaría corto sin incorporar la visión fantasiosa e idealista de ésta. Mi ciudad imaginada tiene que ver con mis recuerdos, con mis relaciones humanas, con los acompañantes en el recorrido sensorial emocional citadino, con los eventos, con mis estados emocionales; convirtiéndo mi idea de ciudad en un remolino de recuerdos, deseos, personas, olores, recorridos…tan simultáneos, y a la vez tan diferentes. En mi ciudad imaginada no hay tiempo, ni espacios definidos, todo lo veo borroso, sin inicio ni fin, como en un mosaico infinito sin forma definida, y sin más sigue siendo mi ciudad.

El imaginario urbano brinda una nueva dimensión de dinamismo a la ciudad, permitiendo al ciudadano seleccionar entre  recuerdos y deseos vividos dentro de ésta, y articularlos con la dimensión “real” física de la ciudad. Lo interesante y atrayente de la ciudad es la interacción con un escenario de circunstancias aleatorias de las cuales no tenemos control alguno, ni control en la selección de las experiencias que deseamos ni en las reacciones que tengamos ante ellas, ni de quienes participarán en ellas. LA CIUDAD ES AVENTURA…y cómo tal es incertidumbre. Somos actores y espectadores al mismo tiempo. Quizá por aquí se esconda la fascinación oculta que tienen los seres humanos por la ciudad.

 La incertidumbre urbana combinada con la creación de la identidad de la ciudad da como resultado una multiplicidad de definiciones e interpretaciones subjetivas que conjugadas darían como resultado la imagen de la ciudad. Entonces obviamente nunca podremos tener una respuesta única, ni definitiva.

 “el territorio urbano es croquis y no mapa”

 La mayor aproximación que podríamos lograr sería mediante los ojos de las artes, las metáforas como lo menciona el artículo logran la narración que necesitamos para constituir los croquis colectivamente creados. Si tomamos en cuenta que la “ciudad imaginada precede la real”, podríamos decir acaso que somos nosotros los creadores de la ciudad, somos nosotros quien la inventamos, quien decidimos qué existe y que no –como cuando vamos en el bus con un amigo, viendo los dos por la  ventana lo mismo (¿?) y tu amigo te dice:_Viste la casa rosada, y vos le decis: ¿Cuál, ahí no hay ninguna casa rosada. ¿Quién tiene la razón? ¿el que la vio o el que no? ¿Existe la casa rosada?  Mediante esta anécdota que a todos nos ha sucedido de una u otra forma, podemos empezar a entender cómo es nuestra ciudad imaginada y de qué manera cada ciudadano habita en distintas ciudades, pero compartiendo un mismo territorio.

La dimensión física de la ciudad en lo posmoderno también se está desvaneciendo (¿Qué nos está quedando de ciudad?), en el sentido de que lo físico se define por sus límites, pero ya éstos fluctúan en tiempo, espacio y actividad, en el caso de lo público y lo privado.  Esta distorsión de los límites aumenta las interacciones, generando multiplicidad de relaciones y niveles perceptivos y relacionales, en su aspecto negativo genera inseguridad, vergüenza y sentido de descontrol en el usuario en el sentido en que han cambiado las reglas del juego y está aprendiendo las nuevas. Eso lo hace sentir incómodo en cierto sentido.

 La ciudad comienza a verse bajo los ojos del PROCESO y no como finalidad, como un lienzo sin terminar y el proceso creativo cobra más importancia que la obra final, ya que al hablar de ciudad no tenemos una imagen determinante, sino una idea de progreso y modificación constante. Además si le sumamos que cada uno de los ciudadanos transforma, crea y destruye la idea de ciudad, por ende la ciudad, como podemos hablar estética formal de algo que más bien podríamos determinar como un montón de arcilla que constantemente recibe más arcilla de un lado, le quitan del otro, cortan aquí, pulen allá (cambian de idea) y que no es un artista sino miles de ellos en todo el tiempo…un poco fantasioso, no? Pues esa es la imagen de la ciudad…en constante creación.

LA CIUDAD ES MEMORIA NARRATIVA. ¿Cuál es la memoria narrativa de San José? ¿Es una novela o una antología de cuentos cortos sin terminar? (…la segunda)

Esta ciudad que está siendo modificada constantemente, como un croquis colectivo ha crecido, se ha magnificado a escalas suprahumanas, creando un olvido de para  quien fue creada. La ciudad, ya hace tiempo, ha cambiado de amo, ahora la ciudad trabaja para los rascacielos y los automóviles. Y ¿Dónde hemos quedado nosotros, sus creadores?, hemos quedado relegados a recorrer un laberinto de calles y callejones creados para perdernos en ella y no poder escapar, aún cuando digan que la ciudad está más conectada que nunca, tal cual ironía, queremos desconectarnos de ésta porque nos sentimos desprotegidos. Estamos en guerra  (nadie sabe muy bien quien es el enemigo, así que tomamos la decisión unánime que es cualquiera que no conozcamos) y gracias a la tecnología hemos dejado nuestros flancos al descubierto y estamos al acecho de cualquier ataque por cualquier lado (paranoia urbana). La solución ha sido crear complejos urbanos con altos niveles de control, seguridad y el mayor aislamiento humano posible para protegernos de “eso” que nos acecha.

A mayor accesibilidad y conexión, mayor inseguridad. ¿Podría ser instinto? Esta exclusión del “afuera” –¿alguien me puede decir donde queda?—es un combate continuo contra sistema rizomático que propone la ciudad, tal vez podría justificarse a que ya no siento que sea mi ciudad, ni de nadie, o a que mi barrio maneja una escala en la que me siento más a gusto (resonancia biológica). O que para separarme de la masa en que me convierto cuando me adentro a la ciudad, necesito definir mis límites de propiedad lo más que pueda para decir EXISTO Y ES AQUÍ! ¿O podría ser solamente egoísmo y miedo a conectarme con otro ser humano? La burbuja social se ha expandido en nosotros, la tolerancia ha disminuido y los  mecanismos de aislamiento se han diversificado y hasta especializado.

Las formas urbanas que nos ayudan a completar el rompecabezas de la imagen de ciudad, primero debemos conocerlas, definirlas, relacionarlas, diferenciarlas para así poder identificarlas. Cuando estas imágenes o identidades son inestables, no logramos identificarlas claramente poco a poco van diluyéndose con otras imágenes del mapa mental citadino, hasta que dejan de existir en nuestra mente, e indiscutiblemente en nuestra ciudad. La importancia de la identidad de cada rincón de la ciudad: es su existencia misma. IDENTIDAD=EXISTENCIA. “Si no lo conozco, me lo invento o acepto que no existe”. ¿Qué pasará con San José cuando pierda su identidad, desaparecerá y me olvidaré que alguna vez existió?

Si “la ciudad es una proyección de sus habitantes” ¿Qué dice de nosotros San José? ¿La actual renovación josefina estará solamente maquillando la verdad con árboles, adoquines, basureros…? ¿Es esa la ciudad que deseamos, o ya no importa que queramos porque ya no nos pertenece?

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