Mi infancia tras las rejas

Escrito en 2012 y reescrito en el 2013


“No puede ser / Esta ciudad es de mentira / No puede ser que las brujas sonrían a quemarropa / y que mi insomnio cruja como un hueso / y el subjefe y el jefe de policía lloren /  como un sauce y un cocodrilo respectivamente / no puede ser que yo esté corrigiendo las pruebas / de mi propio elogiosísimo obituario / y la ambulancia avance sin hacerse notar / y las campanas suenen sólo como campanas.

No puede ser / Esta ciudad es de mentira / O es de verdad / y entonces / está bien / que me encierren.

{Fragmento_ Esta ciudad es de mentira. Mario Benedetti}

No crean que no he conocido la sensación de estar tras las rejas,  desde niña esa ha sido la realidad y el primer plano a través del cual veía pasar la vida en mi barrio. En la casa en que vivía cuando tenía 4 años,  jugué con el único vecino que conocí en mi vida a través de las rejas que separaban nuestras casas. Mi parque era el garaje,  mi play la imaginación. Las visitas al Parque de la Paz o al Polideportivo de San Francisco de Dos Ríos se daban solamente en ocasiones especiales,  la primera con mis abuelos donde me tiraba del monte con un pedazo de cartón,  volaba cometas y lanzaba burbujas de jabón al aire y la segunda en diciembre para probar los juguetes de navidad.

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